martes, 2 de junio de 2009

Once Minutos - Paulo Coelho

Érase una vez un pájaro, adornado con un par de alas perfectas y plumas relucientes,
coloridas y maravillosas. En fin, un animal hecho para volar libre e independiente, para
alegrar a quien lo observase. Un día, una mujer lo vio y se enamoró de él. Se quedó
mirando su vuelo con la boca abierta de admiración, con el corazón latiéndole más de
prisa, con los ojos brillantes de emoción. Lo invitó a volar con ella, y los dos viajaron por
el cielo en completa armonía. Ella admiraba, veneraba, adoraba al pájaro.
Pero entonces pensó: «¡Tal vez quiera conocer algunas montañas distantes!». Y la mujer
tuvo miedo. Miedo de no volver a sentir nunca más aquello con otro pájaro. Y sintió
envidia, envidia de la capacidad de volar del pájaro.
Y se sintió sola.
Y pensó: «Voy a poner una trampa. La próxima vez que el pájaro venga, no volverá a
marcharse».
El pájaro, que también estaba enamorado, volvió al día siguiente, cayó en la trampa
y
fue encerrado en la jaula.
Todos los días ella miraba al pájaro. Allí estaba el objeto de su pasión, y se lo enseñaba
a sus amigas, que comentaban: «Eres una persona que lo tiene todo». Sin embargo,
empezó a producirse una extraña transformación: como tenía al pájaro, y ya no tenía que
conquistarlo, fue perdiendo el interés. El pájaro, sin poder volar ni expresar el sentido de
su vida, se fue consumiendo, perdiendo el brillo, se puso feo, y ella ya no le prestaba
atención, excepto para alimentarlo y limpiar la jaula.
Un buen día, el pájaro murió. Ella se puso muy triste, y no dejaba de pensar en él. Pero
no recordaba la jaula, recordaba sólo el día que lo había visto por primera vez, volando
contento entre las nubes.
Si profundizase en sí misma, descubriría que aquello que la emocionaba tanto del pájaro
era su libertad, la energía de las alas en movimiento, no su cuerpo físico.
Sin el pájaro, su vida también perdió sentido, y la muerte vino a llamar a su puerta.
«¿Por qué has venido?», le preguntó a la muerte.
«Para que puedas volar de nuevo con él por el cielo -respondió la muerte-. Si lo
hubieses dejado partir y volver siempre, lo admirarías y lo amarías todavía más; sin
embargo, ahora necesitas de mí para poder encontrarlo de nuevo
.
 
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